ABRAHAM BEN ABRAHAM, VALENTÍN POTOTZKI

 

La historia de Abraham ben Abraham, hijo del conde Pototzki, no es una historia solamente para leer o contar, sino que debe ser analizada con calma y reflexión, porque puede enseñar mucho. Con ella tendremos otro enfoque acerca de la vida o la muerte y acerca de nuestra conexión con D’.

 

En la época del gran sabio Gaón de Vilna, vivió Abraham ben Abraham, quien previo a su conversión al judaísmo, se llamaba Valentín Pototzki.

Valentín nació en Polonia, hijo único de una familia rica y noble, tal vez la más importante de Polonia, cuyos integrantes ocupaban varios cargos políticos importantes.

 

Su padre, conocido como el conde Pototzki, poseía novecientas noventa y nueve propiedades, varios terrenos y castillos. Su familia era católica. Valentín, fue enviado a Roma, donde junto con un amigo, estudiaban para ser cura.

 

Tras varios sucesos que le sucedieron en Roma, él y su amigo empezaron a estudiar Torá con un Rabino a escondidas. Valentín reveló la veracidad del judaísmo y en su corazón se despertó la voluntad de convertirse al judaísmo.

En aquella época, había un decreto de pena de muerte para quienes se convertían al judaísmo. Luego, huyó hacia Holanda, donde había libertad religiosa y se convirtió. Abraham ben Abraham pasó a ser su nombre tras la conversión. La iglesia lo buscaba. Esto se prolongó por varios años, delegó emisarios y envió cartas hacia todos los lugares posibles.

 

Abraham ben Abraham temía que lo descubran, por lo que viajó a Vilna, Lituania, allí también buscaría fortificarse en el estudio de la Torá.

El Gaón de Vilna le aconsejó dejar Vilna e irse a una ciudad más pequeña, donde nadie lo conociese ya que, siendo que Vilna era una ciudad grande, las búsquedas allí eran más intensas.

Abraham ben Abraham viajó a una pequeña ciudad. Sin ser el Rabino local, nadie lo conocía. Entró en una sinagoga, allí estudiaba Torá y rezaba con gran apego al Creador, lucía talit y tefilín. Aunque se comportó discretamente para no ser descubierto, al final lo encontraron, lo arrestaron y lo condenaron a muerte. ¿Qué sucedió?

 

Cuando atraparon a Abraham ben Abraham

 

Finalmente, llegaron a aquella pequeña ciudad las noticias de la gran búsqueda de la iglesia. El sastre de la ciudad pensaba que ese nuevo habitante que estaba sentado todo el día estudiando en la sinagoga era ‘Valentín’, ya que nadie sabía su identidad, además hablaba idish con acento y, polaco sin ningún acento. El sastre mantuvo sus sospechas en secreto. Con todo, cierto día, el hijo del sastre ‘infernó’ la vida de Abraham ben Abraham. Abraham lo retiró de la sinagoga, lo reprendió y le dijo que si seguía con esos modales, le predestina que cometerá idolatría (dicen que así aconteció). El sastre al enterarse se enfureció extremadamente. Abraham le explicó lo acontecido y trató de conciliarlo. Pero, no ayudó. El sastre fue y reveló a las autoridades que Abraham ben Abraham, era realmente ‘Valentín’. Así, Abraham ben Abraham fue arrestado, llevado a Vilna y encarcelado. La pena de muerte de Abraham ben Abraham fue fijada para el segundo día de la festividad de Shavuot (7 de Siván), fecha en la cual se festeja la entrega de la Torá.

 

El intento de que Abraham reniegue la Torá

 

Integrantes de la iglesia trajeron a la madre para que intente convencerlo a renegar la Torá y regresar al catolicismo. Le dijeron que solo así se salvaría de la sentencia de muerte. Pero Abraham ben Abraham ya estaba inmerso en otro mundo. El mundo de D’, el mundo de la Luz de la Torá. En su corazón ya tenía claro la Luz de la verdad y repugnaba la mentira.

 

Varios curas visitaron a Abraham ben Abraham para intentar convencerlo.

Pero él les decía confiadamente:

-“Estoy dispuesto a recibirlos, pero, ¿por qué ustedes portan esas abominaciones? (Señalando a los objetos idólatras)

“¡Estoy preparado para morir como todo judío y santificar el Nombre de D’!”

Abraham pasó por largas y duras series de torturas. No les ayudó, porque siguió fiel a D’. Intentaron sobornarlo con toda clase de regalos, todo el bien y lo mejor que alguien podría imaginarse en este mundo. Pero, tampoco así lograron convencerlo.

Le dijeron sus padres:

-“¡Hijo, por favor, solamente simula! Di que te retractaste, para nosotros es suficiente. Te daremos todo. Edificaremos un castillo solo para vos. (Ellos eran millonarios, los mayores propietarios de terrenos en Polonia).

-“Hijo mío, allí podrás seguir estudiando y cumpliendo Torá en secreto. ¡Nadie lo sabrá!”

-“No puedo profanar el Nombre de D’ aun simulando”, respondió.

 

Quien se encuentra en tal situación podría preguntarse:

“¿Qué es mejor: Entregar mi vida o transgredir solamente una vez y postrarme ante el ídolo, así seguiré en vida, podré casarme, tener hijos, cumplir preceptos, tanto yo como todos mis descendientes?

No obstante, aquél que cumple la Ley Judía, que es Su Voluntad, al final de cuentas nunca perderá. Porque aunque siga en vida, estudie Torá y cumpla preceptos, se case y forme una familia, con hijos justos, nietos y bisnietos, nunca se equipará a quien cumplió Su Voluntad y no cedió a las exigencias de los idólatras. Para ilustrar este concepto, citaremos a continuación la siguiente parábola: “¿Quién tiene joroba? de Rabí Eljanán Wasserman (alumno del Jafetz Jaim).

 

“¿Quién tiene joroba?”

 

En un país, había un reinado donde el rey confiaba y admiraba mucho a uno de sus ministros. El rey estaba preparándose para viajar hacia un reinado cercano por asuntos diplomáticos.

-“No podré viajar”, le dijo el rey al ministro. “Vaya usted como mi representante y realice la negociación con el reinado vecino en mi lugar”.

-“No hay problema”, le respondió el ministro.

-“Solamente le solicito una cosa”, prosiguió el rey.

-“¡Así como me indique, así haré!”, dijo el ministro

Entonces, el rey le solicitó un extraño pedido:

-“Cuando se encuentre con el rey vecino, ¡de ninguna manera se saque la camisa!”

-“¡Entendido!”, respondió el ministro. “¿Para qué me la quitaría?”, pensó.

 

El ministro viajó y el encuentro fue un éxito. Antes de despedirse, uno de los súbditos del rey le dijo:

-“Realmente nuestro encuentro fue un éxito. Solamente que percibí que tienes una joroba”.

-“¡No!”, exclamó el ministro.

-“¿No?”, le preguntó el súbdito del rey. “¡Veo que tiene una joroba!”

Luego el súbdito del rey les preguntó a los presentes:

-“¡Acaso no concuerdan que tiene una joroba!”

Todos concordaron.

-“¡No, no!”, intentaba el ministro convencerlos.

-“¡Pruébelo!”, dijo el súbdito.

El rey agregó al pedido de su súbdito:

-“Si usted demuestra que no tiene joroba, le pagaré diez millones de dólares”. ¡Demuéstrenos! ¡Quítese la camisa y muéstrenos que no tiene joroba!”

 

El ministro del rey estaba por quitarse la camisa cuando recordó del pedido de su rey de no quitarse la camisa de ninguna manera. Reflexionó y concluyó: “Por un lado, el rey me pidió no quitarme la camisa. Por otro lado, diez millones de dólares, es una pena perder… Tengo una idea… Me quitaré la camisa, así demostraré que no tengo joroba, recibiré los diez millones y se los entregaré como presente al rey. Seguramente quedará muy feliz. No se imaginaba que pasaría tal cosa. Le entregaré todo el dinero a él.

Ciertamente, el ministro se quitó la camisa y mostró a todos que no tenía joroba y recibió diez millones de dólares.

Regresó a su reinado y fue al palacio real para encontrarse con el rey.

El rey ya lo esperaba.

El ministro entusiasmado quería decirle al rey el gran regalo que traía.

Antes de contarle algo, el rey le preguntó:

-“¿Acaso se quitó la camisa?”

-“Excelencia, déjeme contarle…son diez…”

-“¿Se quitó la camisa?”, lo interrumpió el rey.

-“Espere, espere…”, intentaba explicar el ministro.

-“¿Se quitó o no se la quitó?”, lo interrumpió nuevamente el rey.

-“Me la quité… pero recibí diez millones de dólares por quitármela… y, todo es para dárselo como presente los diez millones”

El rey, desilusionado, le explicó a su ministro:

-“Sepa que aposté cien millones con el rey vecino que usted no se sacaría la camisa… Cuando le conté al rey vecino de tu fidelidad a mí, no me creyó. Entonces, apostamos”.

-“Veremos…”, Dígale a su ministro no quitarse la camisa cuando nos encontremos y yo intentaré que se la quite. Veremos si es tan fiel como dice…”.

“Luego, apostamos cien millones de dólares. En vez de hacerme ganar diez millones, ¡causó que pierda noventa millones! Confié en Ud.”…

Análogamente, nunca perderemos siendo fieles a D’. Si Él nos ordenó hacer algo, con certeza, es lo más benéfico y lo más lucrativo. Por más que parezca que perderemos, algo que vale más, por cumplir la Ley. ¡Todo lo que podemos perder está incluido en lo que vamos a recibir por hacer la voluntad de D’!

 

Nuestros cálculos pueden ser elevados, con todo, por detrás de esos cálculos existe un cálculo infinitamente mayor y más completo. Es el cálculo Divino que es Infinito. Podemos confiar que los cálculos de nuestro Rey son únicamente para nuestro bien. Nunca saldremos perdiendo cumpliendo Su Voluntad.

 

Regresemos al suceso de Abraham ben Abraham.

La madre de Valentín, le suplicaba para que ceda.

Le dijo a su madre: “Mi querida madre: si bien te quiero mucho, ¡mi amor por la verdad supera todo!”

Luego, la madre de Abraham entendió su convicción y guardó silencio. Ya no intentó convencerlo.

La madre de Abraham se reunió con el rey, fue recibida, y le imploró que salvase la vida de su hijo. El rey concordó en escribir una orden especial revocando la sentencia de muerte de Abraham, pero ya era demasiado tarde, fue quemado en la hoguera un día antes de que el documento real llegase a Vilna.

 

Los acontecimientos previos a la ejecución de Abraham ben Abraham 

 

Se relata que previo a la ejecución a Abraham ben Abraham, algunos de los verdugos impresionados con su grandeza, le solicitaron que los perdone y que no se vengara de ellos cuando llegue al mundo espiritual.

Abraham calmamente les respondió:

-“Está escrito en Salmos (117) que todos los gentiles alabarán a D’ por Su Bondad con el Pueblo de Israel. ¿Por qué?

 

Los Sabios lo explican por medio de una parábola:

Un joven, hijo del rey, jugaba con su amigo. Durante el juego, el amigo le dio una bofetada al príncipe. Él se enojó, diciéndole:

-“Cuando crezca y me nombren rey, ¡prometo que te la devolveré!”

 

El joven creció y fue nombrado rey en lugar de su padre.

Al escuchar estas novedades, su viejo amigo, recordando lo que le había prometido, temió por su vida y le solicitó al rey que le perdonase por la bofetada que le dio.

El rey lo impresionó al explicarle:

-“Fui proclamado rey. Recibo toda honra imaginada. Todo lo que deseo poseo. Todo aquel suceso de la bofetada que recibí es una simpleza, actualmente, no tiene ninguna importancia para mí”.

Abraham ben Abraham concluyó:

-“Cuando llegue al mundo espiritual, al mundo verdadero, el lugar preparado para mí con todo el honor y la recompensa prometida a quienes santifican el Nombre de D’, todas las torturas que ustedes me hicieron serán consideradas como la bofetada de aquél antiguo amigo del rey… No estaré entonces ocupado en asuntos tan triviales como el de vengarme de ustedes”.

“De acuerdo a esto, también podemos entender por qué todos los gentiles alabarán a D’ por todo el bien que hará para el Pueblo de Israel. Pues, al presenciar tanto bien que recibiremos, los sufrimientos que los gentiles nos causaron pasarán a ser insignificantes, irrelevantes”.

Es sorprendente que con esa misma parábola, Abraham ben Abraham tranquilizó al sastre delator….

Sabemos que un delator pierde su parte en el Mundo Venidero. Como dictamina el Rambam (Iad HaJazaká, Hiljot Teshuvá 3:12): “Dos tipos de mosrim (delatores): quien entrega al prójimo a las autoridades gentiles para que lo condenen a muerte o para que lo azoten, y quien entrega a su prójimo para que le saquen su dinero. Ambos no tendrán parte en el Mundo Venidero[1]“.

 

Perdonando al sastre

 

Abraham ben Abraham le prometió al sastre que no solamente no se vengaría de él, sino por el contrario, influenciaría en los Cielos para que no pierda su porción en el Mundo Venidero, ya que gracias a él, entregó su alma para santificar el Nombre de D’.

 

Relatan que, previo a la ejecución de su pena de muerte le dijeron a Abraham ben Abraham:

-“Realmente, ¿usted no se vengará de quienes te torturaron? Cuando llegue al mundo superior, el mundo verdadero, podrá pedir para que se venguen de ellos”

-“Les contaré una historia que mi madre me contó cuando era niño”, les respondió. “Esta historia ocurrió hace algunos siglos en Polonia.

El rey de Polonia había fallecido y era necesario nombrar un nuevo rey.

¿Cómo lo elegían? Todos los ministros se reunían durante la noche. Todos exponían sus ideas sobre quien debería ser el nuevo rey. Al llegar a un acuerdo, era escogido el rey. Pronunciaban: “¡Que viva el rey!”

Entonces, como el rey había fallecido, en aquella noche los ministros se reunieron. Se sentaron por varias horas, pero no llegaron a un acuerdo.

Siendo que no llegaron a un acuerdo, los ministros tuvieron una idea creativa: irían al bosque y la primera persona que encontrasen sería el nuevo rey. ¡Así hicieron! Todos los ministros viajaron con sus carruajes al bosque para encontrar a quien sería el próximo rey de Polonia.

 

Al llegar se encontraron con un pobre ciudadano de la ciudad de Varsovia, la ciudad de la realeza, era un mendigo que había terminado de juntar sus limosnas del día y se había quedado dormido allí. A su lado, estaba sobre el piso su mochila. Cuando le daban un trozo de pan, pepino, tomate, etc., los colocaba en esa mochila.

Como habían acordado los ministros, él era el nuevo rey. De acuerdo a las leyes locales, cuando el rey duerme, está prohibido despertarlo. Entonces, los ministros aguardaron hasta que el nuevo rey se despertara.

Al despertarse todos proclamaron: “¡Que viva el rey! Cantaron y bailaron a su alrededor.

Pasaron algunas semanas… en un lindo día, el rey llamó a uno de sus súbditos y le dijo:

-“Se acuerda que hace algunas semanas, cuando me coronaron rey en el bosque, había al lado mío una mochila. Me trajeron al palacio, pero, mi mochila quedó allí. Me gustaría viajar hacia allí para traer mi mochila.”

Todos los ministros pensaron: “¡El rey ha enloquecido!”

-“Le pertenecen todos los tesoros reales, ¿para qué necesita justo de aquella mochila vieja llena de legumbres putrefactas y pan viejo?”, se dijeron entre ellos.

 

Entonces, Abraham ben Abraham concluyó:

 

-“Cuando llegue al mundo espiritual, el mundo verdadero, después que quemen mi cuerpo en la plaza pública, todos los temas de este mundo y también todas las persecuciones contra mí serán, en mis ojos, mucho menos significantes que esa mochila vieja. Cuando llegue a los niveles de santidad y pureza, ¿acaso suponen que me importará la ‘mochila’ que dejé aquí en el “bosque”, en este mundo?”

 

 

 

La visita del Gaón de Vilna

 

El gran sabio, Gaón de Vilna fue a visitarlo en la víspera de su ejecución. Lo encontró preocupado, dicen que algunas lágrimas caían de sus ojos.

-“¿Por qué llora, acaso teme a la muerte?”, le preguntó el sabio.

-“No”, respondió Abraham ben Abraham. Al contrario, ¡siento una gran felicidad por tener la oportunidad de santificar el Nombre de D’ en público! Lloro por otro motivo. Temo estar solo en el Mundo Venidero. Mis padres no son judíos y tras mi conversión, no amerité a tener hijos, ¿quién estará conmigo allí?”, le explicó.

-“¡No tiene razón!, le dijo el sabio. Está escrito (Isaías): “Así dijo D’… Yo soy el Primero y Yo soy el Último…”. El Midrash explica: “Yo soy el Primero”, ya que no tengo padre. “Yo soy el Último”, porque no tengo hijos”.

El sabio siguió explicando: “Realmente es un Midrash intrigante”, ¿por qué el Midrash explica que D’ no tiene padre ni hijo?”

Podemos explicarlo de la siguiente manera: “Yo soy el Primero para quienes no tienen padre. “Yo soy el Último”, para quienes no tienen hijos”

Concluyó el sabio: “Usted no estará solo en el Mundo Venidero. D’ será su compañero, ¡estará con Usted!”

El sabio le dijo a Abraham:

-“Sepa que puedo salvarle de la muerte aplicando mis conocimientos de Kabalá. ¡Puedo recitar un Nombre de D explícito y lo salvo!”

Abraham respondió:

-“No. Por favor. Desde que conocí al Creador, estoy preparado para entregar mi alma para santificarlo. ¡No quiero perder esa gran oportunidad por un ‘pedazo de cuerpo físico’!”

Fue con esa pura y verdadera voluntad que se preparó para entregar su vida para santificar el Nombre de D’.

 

 

 

En camino a la hoguera

 

Abraham ben Abraham se dirigió hacia la hoguera cantando y bailando:

“Pero, nosotros somos Tu pueblo; parte de Tu pacto; descendientes de Abraham Tu amado…, descendientes de Itzjak que fue atado sobre el altar….”

)”אבל אנחנו עמך, בני בריתך, בני אברהם אוהבך, שנשבעת לו בהר המוריה, זרע יצחק יחידו שנעקד על גבי המזבח…”(

Se relata que en la Ieshivá de Volozhin se acostumbraba a cantar dicho texto con gran entusiasmo y apegamiento al Creador. Parecía como que caminaba hacia su palio nupcial.

 

La ejecución

 

El justo converso fue quemado en la plaza pública en el segundo día de Shavuot.

Abraham recitó la bendición:

“Baruj Atá A-donai Elo-heinu Mélej HaOlam Asher kideshanu bemitzvotav vetzivanu lekadesh et Shimjá BeRabím”

Luego recitó en voz alta: “Shemá Israel, A-donai Elo-heinu, A-donai Ejad!”

 

Cuando empezó a consumirse su cuerpo, se dirigió al fuego exclamando:

“¡Quema mi cuerpo que comió comida no Kasher; quema mi cuerpo que cometió transgresiones, etc.! Aún cuando su cuerpo estaba consumiéndose completamente por el fuego, se lo escuchaba cantar y recitar Salmos, así abandonó este mundo. Con tal sentimiento puro y verdadero, regresó su alma santificando El Nombre de D’ en público.

 

Las cenizas de Abraham ben Abraham

 

Sus cenizas fueron recogidas y sepultadas en el cementerio judío de Vilna.

¿Qué hicieron?

Después de la muerte de Abraham, las autoridades católicas prohibieron que se enterrasen sus cenizas. Pero el Gaón de Vilna decidió que deberían esforzarse en recogerlas y sepultarlas en el cementerio judío. Tuvo una idea. Para lograrlo, el Gaón pensó que un judío lampiño, Rab Eliezer Meir Sirkis, debería vestirse como polaco, iría al guardia encargado de cuidar los restos de Abraham ben Abraham y le ofrecería una gran suma de dinero para que le entregase sus cenizas.

Así hizo. El guardia aceptó. Luego enterraron sus cenizas y dos de los dedos de Abraham que quedaron de la hoguera. Colocaron sus cenizas dentro de una vasija de barro y lo sepultaron en el cementerio judío de Vilna.

El Gaón de Vilna bendijo con longevidad a Rav Eliezer Sirkis. La bendición se cumplió. Vivió 112 años. En su lápida gravaron: “Por la bendición del Gaón, sus años de vida fueron 112 años”.

 

El amigo de Abraham ben Abraham, quien estudiaba con él para ser cura, también se convirtió al judaísmo con su esposa. Lo llamaron Baruj ben Abraham y a su esposa, Rajel. Ambos viajaron a la Tierra de Israel, allí se condujeron con filantropía hasta que abandonaron este mundo.

 

Todos los años, según el dictamen del Gaón de Vilna, los judíos de Vilna hacían un rezo especial para la elevación del alma de Abraham ben Abraham en el aniversario de su muerte. El Gaón solicitó que después que abandone este mundo, lo sepultasen al lado de los restos de Abraham ben Abraham.

 

El lugar de la sepultura

 

Algo sorprendente ocurrió donde estaban enterradas las cenizas de Abraham ben Abraham. Creció un árbol con la forma de una persona encorvada sobre la sepultura, como si lo estuviese protegiendo. Los nativos de Vilna relatan lo espantoso que era verlo. Ciento cincuenta años después de la muerte de Abraham, empezó la Primera Guerra Mundial. Hasta el año 5687 (1927) la sepultura de Abraham estaba desprotegida, hasta que entonces una ‘tienda’ de hierro fue construida alrededor de la sepultura y una pared de piedras alrededor del árbol. Ese lugar fue considerado un lugar con santidad especial a los ojos del público. Desde entonces, hasta que los nazis lo destruyeron -en la Segunda Guerra Mundial-, los judíos de Vilna visitaban su sepultura, así como la sepultura del Gaón de Vilna.

Las secuelas de la santificación del Nombre de D’

 

La santificación del Nombre de D’ por medio de Abraham ben Abraham fue causa de un gran efecto, aun en nuestro mundo físico.

Un alumno del renombrado Rabino Rabí Shlomó Zalman Auerbach zt”l, escuchó de dos ancianos de Jerusalén, que recibieron por transmisión oral, o sea, de maestro a alumno, hasta el gran sabio Rabí Jaim de Volozhin que, a su vez, recibió de su maestro el Gaón de Vilna que, cuando el justo Abraham ben Abraham fue quemado santificando el Nombre de D’ en el mundo, salió una luz de la ‘Maarat Hamajpelá’ (donde están sepultados Adam, Java, los patriarcas y las matriarcas) y las fuerzas de impureza que reposan en las manos al levantarse a la mañana, se debilitaron[2].

 

[1] Texto original:

רמב”ם, הלכות תשובה, פרק שלישי הלכה- יב: שנים הם המוסרין המוסר חבירו ביד עכו”ם להורגו או להכותו. והמוסר ממון חבירו ביד עכו”ם או ביד אנס שהוא כעכו”ם ושניהם אין להם חלק לעוה”ב:.

 

[2] Para quienes le preguntaban al sabio Rabí Shlomó Zalman Auerbach zt”l, basándose en el debilitamiento de la impureza relacionada con las manos, si es permitido ser menos estricto en las leyes relacionadas con el lavado ritual de las manos al levantarse por la mañana, respondió negativamente, porque esa ley está escrita en el Talmud, en el Shulján Aruj y Poskim. De todos modos, acerca de caminar cuatro amot (aproximadamente dos metros) previo al lavado de las manos, se permite ser más permisivo, siendo que dicha ley no está escrita en el Talmud (véase el libro Halijót Shlomó, Hiljot Tefilá 20:49).