BESHALAJ

Es preferible correr peligro físico a fin de salvarse de un peligro espiritual

Está escrito en nuestra Parashá (Éxodo 13:17): “Sucedió cuando el faraón envió al pueblo, que D’ no lo condujo por el camino de la tierra de los filisteos, que estaba cerca, pues D’ dijo: Tal vez el pueblo cambie de opinión cuando vea guerra y retorne a Egipto”.

Aprendemos que es preferible optar por correr peligro físico con tal de no correr peligro espiritual. 

Era para ellos más fácil ir por camino de la tierra de los filisteos, pero D’, para evitar que bajaran espiritualmente e intentaran retornar a la impureza de Egipto, los condujo por el desierto, lleno de serpientes y escorpiones, con tal de salvarlos del peligro espiritual. 

Rabí Itzjak Zeev de Brisk relató que en su estadía en Vilna al comienzo de la guerra, dudaba si inmigrar hacia Israel, o considerando que el ejército nazi -que sea borrada su memoria- estaba ya en Egipto, quizás fuera preferible viajar a Estados Unidos donde reinaba la paz.

Del versículo mencionado anteriormente, aprendió que así como para el pueblo judío fue preferible conducirse por el desierto, lugar peligroso físicamente, con tal de no impurificarse nuevamente con las abominaciones de Egipto, también ahora era preferible viajar a Israel a pesar del riesgo físico, con tal de no viajar a Estados Unidos, lugar peligroso espiritualmente para la educación de sus hijos. 

La verdadera ganancia es solamente en el mundo eterno

Otro versículo en nuestra Parashá (Éxodo 13:19): “Moshé tomó los huesos de Iosef con él, pues había hecho jurar a los Hijos de Israel, diciendo: «Ciertamente D’ os recordará y elevareis de aquí mis huesos junto con vosotros”.

En el Tratado de Sotá (13a) se enseña: Enseñaron nuestros Sabios en la baraita: Ven y aprende cómo Moshé Rabeinu apreciaba los preceptos: Mientras que todo el pueblo de Israel estaba ocupado en apropiarse del botín de los egipcios, pidiéndoles prestado utensilios de plata y de oro, Moshé, se ocupaba en cumplir preceptos en buscar el ataúd donde yacía Iosef, como está escrito (Proverbios 10:8): “Quien es sabio en el corazón, toma los preceptos”.

Es decir, Moshé Rabeinu sabía que los preceptos son la “riqueza espiritual”, una riqueza eterna mucho más importante que cualquier tesoro terrenal.

El rezo: desde las profundidades del corazón y sintiendo estar ante D’

Otro versículo (Éxodo 14:10): “El faraón se aproximó; los israelitas alzaron sus ojos, y he aquí que Egipto venía tras ellos. Y tuvieron mucho miedo; los israelitas clamaron a El Eterno”.  Rashi explica: adoptaron la profesión –umanut– de sus antepasados. Cabe preguntar, ¿cuál es la habilidad profesional que conllevaba este clamor?

Podemos responder que tal habilidad profesional consistía en saber clamar desde las profundidades del corazón. Porque a veces uno reza, no desde las profundidades del corazón, sino solamente para cumplir con la obligación; pero aquí rezaron desde las profundidades del corazón, sintiendo que D’ estaba ante ellos. Le suplicamos y Él escucha nuestros rezos.  Rezar de esta manera, particularmente en cada uno de los tres rezos diarios, es una “profesión”, porque requiere un tenaz esfuerzo.

EL Gaón Rabí Jaim de Brisk relató que, en cierta oportunidad, estuvo con el Jafetz Jaim y contempló cómo rezaba.

Exclamó que el Jafetz Jaim ruega por la Misericordia Divina como quien suplica a una persona misericordia y culminó el relato diciendo: “No es asombroso que sus rezos fueren siempre respondidos”.

MESÍAS

 

Rambam enseña en su principio doceavo de los Principios de Fe: “Yo creo con fe plena en la llegada del Mesías, aunque tarde en llegar, de todos modos, lo esperaré”.

 

En el período del presente amargo y prolongado exilio, padeciendo sufrimientos, expulsiones, persecuciones, genocidios, el anhelo por la llegada del Mesías tiene un rol primordial en la vida judía. Hasta el día de hoy los demás pueblos odian a los judíos, por el simple hecho de ser judíos. Nuestro único consuelo es la fe y la esperanza que, llegado el momento, D’ se revelará en el mundo y el Pueblo de Israel volverá a gozar de tranquilidad y paz como antaño. Esta es la función del Mesías. El término hebreo de Mesías “Meshiaj“, es porque será descendiente del rey David a quien ungieron con el aceite para ungir –shemen hamishjá-.

 

El Gaón de Vilna compara a la época previa al advenimiento del Mesías como los dolores previos a un parto, cuanto más se aproxima el parto, los dolores son más intensos, análogamente se incrementan los sufrimientos del Pueblo de Israel.

 

Quien está por dar a luz sabe que sus sufrimientos no son en vano, en poco tiempo disfrutará de su bebé. Análogamente, cada judío ha de entender que la época difícil que atravesamos es una preparación para el bienestar que gozaremos después. Será una época muy difícil de sobrellevar, como enseñan en el Talmud: “Que venga y que no la vea”, es decir, que el Mesías venga, siempre y cuando  no esté entonces vivo, por los grandes sufrimientos que padecerán en ese entonces.

Al reflexionar en las difíciles épocas del pueblo judío  a lo largo de la historia, observaremos que los sufrimientos fueron una preparación para el crecimiento espiritual del pueblo. Los padecimientos en Egipto fueron la preparación para los milagros en Egipto y para la entrega de la Torá.  Las guerras con los filisteos y la grave situación bajo su mandato antecedieron al reinado del Rey David y a la construcción del Primer Templo Sagrado. Tras el exilio en Babilonia se construyó el Segundo Templo Sagrado y comenzó la época de los Tanaítas, así sucesivamente. El exilio es un requisito para la redención. Los sabios cabalistas enseñan que no es posible algo sin que preceda un vacío, como la putrefacción de la semilla previa a su florecimiento. Teniendo conocimiento de esto es más fácil afrontar los problemas. Llegará un día en el cual entenderemos todos los acontecimientos que acaecieron a nuestro pueblo. Los terribles padecimientos que sufrió nuestro pueblo en la Segunda Guerra Mundial junto a los padecimientos en nuestros días, son la preparación para el advenimiento del Mesías.

En el sagrado Zohar se enseña que, previo a la llegada del Mesías, se incrementarán los conocimientos humanos, pero así también habrá una gran decadencia moral. Así percibimos en nuestra época que por un lado hay un gran avance tecnológico y científico, los robots y los satélites ya son parte del día a día. También hay grandes avances en la medicina. Pero, existe una gran decadencia moral, la mayoría de las personas van tras sus instintos mundanos y tienen malas cualidades morales.  

 

La sabiduría y los descubrimientos científicos no valen la pena cuando la situación actual es que no se controla los instintos ni se vive en armonía con los demás. Es más, si los pueblos no pueden vivir en armonía, estos adelantos resultan negativos. Las naciones fabrican armamentos nucleares que pueden ocasionar una gran cantidad de pérdidas de vidas y secuelas por varias generaciones. El Juicio Celestial es más severo con tales naciones, porque en vez de utilizar la inteligencia que les brinda D’ para vivir cómodamente con abundancia y bendición, la gente se aleja más del cumplimiento de Sus preceptos. Dichoso es quien va en contra de la corriente y se esfuerza por corregir sus rasgos personales y se ocupa de asuntos espirituales, justamente en esta época.

 

Leemos en la sección de la Torá acerca de los castigos que el pueblo de Israel padecerá si se aleja del cumplimiento de la Torá (Deuteronomio 31:18): “Pero ciertamente habré ocultado Mi rostro ese día a causa de todo el mal que hizo, pues se había dirigido a otros dioses”. Es decir, previo a la llegada del Mesías reinará un Ocultamiento Divino, varios sufrimientos padecerá el pueblo judío, lo que conllevará a dudas en la existencia de D’. Esta será la última prueba para nuestro pueblo. Si bien en una situación así costará fortalecerse en el cumplimiento de los preceptos y arrepentirse, de todos modos, nuestros Sabios enseñan que justamente en esta época se incrementará la cantidad de judíos que retornen a la fe judía, como presenciamos en este momento.

 

Al final del Tratado de Sotá (49b) se describe un poco la Época Mesiánica. Nuestros  Sabios concluyen: “¿En quién nos podremos apoyar?” ¡En nuestro Padre Celestial! Es decir, todo el propósito de los sufrimientos es acercar al pueblo judío a D’. Todos regresaremos a la fe judía y confiaremos únicamente en D’. Pero, si no lo haremos por nuestra cuenta, padeceremos -D’ no lo permita- sufrimientos.

Como se enseña en el Midrash (Shemot Raba, 21:5) acerca de la partición del Mar Rojo: Está escrito: “El Faraón acercó, los Hijos de Israel alzaron sus ojos, he aquí que Egipto venía tras ellos. Tuvieron mucho miedo; los Hijos de Israel clamaron al Eterno”. ¿Qué significa el término acercó?, tendría que estar escrito “se acercó”. Sino que, acercó a Israel, porque se arrepintieron. Dijo Rab Berejia: “Fue más productivo lo que acercó el Faraón a Israel más que cien ayunos y rezos”. ¿Por qué? Porque sintiéndose perseguidos, tuvieron mucho temor, alzaron sus ojos hacia su Padre Celestial, se arrepintieron y rezaron, como está escrito: “…los Hijos de Israel clamaron al Eterno”, etc. Cuando vio Israel que estaba rodeado en los tres lados, el mar, el enemigo que lo perseguía y los animales en el desierto, alzaron sus ojos hacia su Padre Celestial y clamaron al Eterno, como está escrito…¿Por qué D’ les hizo algo así? Porque D’ deseaba que le recen. Dijo Rabí Iehoshúa ben Levi: ¿A qué se asemeja? A un rey que estaba de viaje y una princesa le gritaba exhortándole que la salve de los delincuentes. El rey la salvó. Luego el rey quería desposarla, quería que converse con él, pero ella se rehusaba. ¿Qué hizo el rey? Contrató a los delincuentes contra ella, para que grite y escuche el rey. Cuando vinieron los delincuentes, comenzó a gritarle al rey. Le dijo el rey: Ese era mi deseo escuchar tu voz. Análogamente, esto fue lo que sucedió con el Pueblo de Israel. Cuando los egipcios los torturaban, gritaban y dirigían sus ojos hacia D’. Como está escrito (Éxodo 2:): “Durante aquellos largos días, sucedió que el rey de Egipto murió y los Hijos de Israel gemían a causa del trabajo y clamaban. Su súplica a causa del trabajo se elevó hasta D’. D’ oyó sus exclamaciones y D’ recordó Su pacto con Abraham, con Itzjak y con Iaakov. D’ vio a los Hijos de Israel y Dios supo y entonces atendió sus súplicas”. D’ los sacó de allí con “una mano fuerte y brazo extendido”, D’ quería escucharlos de nuevo y no querían. ¿Qué hizo? Incitó al Faraón para que los persiga, como está escrito: “Y el Faraón acercó”, seguido: “Y clamaron los Hijos de Israel al Eterno”, en ese entonces D’ dijo: “Esto es lo que buscaba, escuchar vuestras voces”.

Nos encontramos en el final del exilio. El Ocultamiento Divino es muy grande. La profanación del Nombre de D’ es muy grande. La gente desprecia a quienes se dedican al estudio de la Torá. Desprecian el cumplimiento de la Torá. El Mesías vendrá previo al sexto milenio desde la creación del mundo. Es decir, en menos de doscientos veintidós años. Cuando así sea Su Voluntad. Como sucedió en la Salida de Egipto: “Hornearon la masa que sacaron de Egipto como tortas ázimas, pues no pudieron leudarse pues fueron expulsados de Egipto y no podían retrasarse, ni tampoco habían preparado provisiones para ellos mismos”. Nuestros Sabios aprenden del versículo (Isaías 60:22): “”, acerca de la llegada del Mesías hay dos posibilidades. La primera es que sea en su tiempo, en el último lapso que fue fijado para la Redención. Pero, si ameritamos se anticipará. Según lo expuesto, cada acto bueno aproxima la llegada de la Redención. Todo judío que se acerca al cumplimiento de los preceptos anticipa la llegada de la Redención. Por lo tanto, hemos de hacer introspección acerca de nuestros actos y actuar para enderezar nuestros caminos, así vendrá prontamente la Redención y nos liberaremos de todos nuestros sufrimientos.

Encontramos dos opiniones acerca de la guerra “Gog y Magog”. Hay quienes sostienen que la guerra será un poco antes de la llegada del Redentor y otros sostienen que será un poco después de la llegada del Redentor. Todos concuerdan que habrá mucho derramamiento de sangre. Nuestros Sabios z”l enseñan que las naciones no querrán declarar la guerra, por las grandes secuelas que eso ocasionará, pero D’ los forzará a pelear para vengar la sangre judía derramada a lo largo de la historia.

Rabí Iejezkel Abramsky zt”l enseñó en nombre de los alumnos del Gaón de Vilna que la guerra durará doce minutos. Un tercio de la población perecerá, un terció quedará herido y otro tercio saldrá ileso. En la época del Gaón de Vilna no comprendieron su enseñanza, porque con los armamentos de ese entonces era imposible una destrucción tan grande. Actualmente es fácil de entender con las bombas atómicas y los misiles intercontinentales. El Gaón también enseñó que varios de los sobrevivientes padecerán hambruna, a tal punto, que la situación de éstos no será mejor de aquellos que murieron. De todos modos, sin lugar a dudas, los sufrimientos ocasionados por la Primera y la Segunda Guerra Mundial son considerados como la preparación para la llegada del Mesías y todos los sufrimientos que padeció nuestro pueblo desde ese entonces, hasta hoy en día, sirvieron para “saldar la cuenta” por nuestras transgresiones.

Pero por otro lado, en el Tratado de Berajot (13a) se enseña que en la guerra de Gog y Magog sucederán milagros más grandiosos que los sucedidos en la Salida de Egipto. En ese entonces todos los pueblos entenderán que D’ es el Único Soberano, a nadie le interesarán las vanidades y placeres mundanos. Todo el deseo humano será solamente el acercamiento al Creador. Todos reconocerán la Unicidad de D’ y que el Pueblo de Israel es el Pueblo Elegido. Ya no habrá libre albedrío, en consecuencia, ahora es el momento para arrepentirnos y acercarnos al Creador.

La llegada del Mesías y la Redención llevará su tiempo. En primera instancia se reunirán todos los exiliados en la Tierra de Israel y difundirán que D’ es Uno. Todo su propósito será hacer la Voluntad Divina, sin discusiones ni divergencias. Reinará entonces la fraternidad y el amor verdadero entre los judíos. El Mesías será un gran sabio de la Torá, un gran líder y conductor. Además de dirigir la guerra contra el enemigo y la conducción del pueblo, nos enseñará el camino de la Torá, enderezar nuestros caminos y servir a D’ íntegramente. Exigirá al pueblo cumplir los preceptos de la Torá íntegramente. Su inteligencia será aún mayor que la del Rey Salomón.

Después que finalice la guerra de Gog y Magog, las personas reconstruirán al mundo. El Pueblo de Israel habitará seguro en la Tierra de Israel, servirá a D’ con todo el corazón y con toda el alma. El Templo Sagrado estará construido por siempre y los centros de estudio de la Torá florecerán en todo sitio. Los demás pueblos estarán a voluntad bajo el sometimiento del gobierno judío y sustentarán a los habitantes de la Tierra de Israel. Gozaremos de un alto nivel espiritual y un bienestar económico. Nos dedicaremos al estudio de la Torá y al crecimiento espiritual, será la mejor preparación para la vida eterna en el Mundo Venidero.

En el transcurso de la historia hubo varios falsos Mesías. Aprovechando la pésima situación del pueblo judío, constantemente perseguido. El malvado Shabetai Tzvi, que el nombre de los malvados se descomponga- fue uno de ellos. Sus seguidores difundieron la renegación de D’ y las transgresiones varios años después de su muerte. Todo falso mesías ocasionó tristeza en el pueblo. Los Líderes espirituales desde esa época, tomaron con cautela a cada líder nuevo, hasta que demuestre sus buenas intenciones. Así también, será con el Mesías que anhelamos su llegada pronto, en nuestros días, Amén.

En el sagrado Zohar (Génesis 25) se enseña que habrá dos Mesías: Mesías ben Iosef y Mesías ben David. Mesías ben Iosef guerreará y vencerá, pero al final todas las fuerzas del mal entrarán en el cuerpo de un malvado llamado Armilus, quien asesinará al Mesías ben Iosef.

El Gaón de Vilna explica que esta enseñanza está aludida en el cántico de la noche del Seder: “Jad Gadiá”, en lo que está escrito que viene el matarife -Mesías ben Iosef- y mata al toro -Esav-. Pero luego viene el ente celestial, encargado de quitar las vidas a las personas, dentro del malvado Armilus y asesina al Mesías ben Iosef. Sólo después viene D’ y libera al Pueblo de Israel a través del Mesías ben David. También enseñan que el Mesías ben Iosef reinará un tiempo previo a la resurrección de los muertos.

En el Tratado de Shabat (31a) leemos que una de las primeras preguntas que le hacen al alma al abandonar este mundo es si aguardó la Redención. Es un precepto aguardar la Redención y la Salvación Divina y rezar por esto. El propósito no será por el bienestar que gozará la humanidad en general y el pueblo de Israel en particular, sino porque en ese entonces la Presencia Divina se revelará al mundo y se cumplirá el objetivo por el cual fue creado, a saber, que la Presencia Divina pose en este mundo.  Se ha de sufrir más por el incumplimiento de la Torá y la profanación del Nombre Divino, que por los sufrimientos personales.  

Cuando advenga el Mesías la humanidad entera vivirá en armonía, se acabarán las guerras, los asesinatos y los robos. No habrá envidia ni competencia. Todos harán bondades con su prójimo y hablarán bien de sus compañeros. La Grandeza del Creador será revelada. Toda la humanidad servirá a D’ por siempre. El Pueblo de Israel será entonces la luz de las naciones.

Nuestros Sabios z”l no explicaron qué es lo que sucederá en ese entonces, tampoco sabemos cuándo vendrá.  Rambam (Igueret Teimán, Igueret 100, pág. 40) enseña que, no se debe pensar en demasía en estos asuntos, basta con saber y creer que en algún momento llegará ese día.

Explica por qué no es conveniente calcular el tiempo exacto de la Redención: “Porque nadie puede saber exactamente cuándo advendrá la Redención”. Como explicó Daniel (12:9) “porque está sellado y cerrado el asunto”, por tal motivo nuestros Sabios advirtieron no calcular cuándo será el Fin de los Tiempos, porque hacen confundir a las personas al llegar ese momento y el Mesías aún no vino”.

El hecho de no saberlo es por un lado uno de los desafíos del Pueblo de Israel y por otro es uno de los Principios de Fe creer en la llegada del Mesías.

Con el deseo que pronto veamos la Redención del Pueblo de Israel: “Y en ese día, El Eterno será el Rey sobre todo el mundo, en ese día El Eterno será Uno y Su Nombre Uno”.