PARASHAT KI TISÁ 5780

VÍDEOS

DIBREI TORÁ


El precepto del Majatzit Hashekel

Está escrito en nuestra Parashá (Éxodo 30:15): “El rico no agregará y el pobre no disminuirá”. Este versículo alude a que cada uno de los hijos del pueblo de Israel se considera socio por igual en el precepto de caridad. 

Al rico, siendo que dispone de riqueza, se le exige más; si la caridad que da no se adecúa a su poder adquisitivo, no está cumpliendo este precepto como le corresponde. En tanto que para el pobre, basta con que dé un poco de caridad, para que se le considere como si hubiese dado una gran suma de dinero, porque lo que da es con abnegación.

Por este motivo, respecto a la donación para las ofrendas, todos por igual deben dar medio shekel, porque para la expiación del pueblo de Israel, son todos igualmente ricos o pobres. 

De aquí aprendemos un gran fundamento: D’ no diferencia entre un rico y un pobre, sino que cada uno será recompensado según su abnegación para el cumplimiento de los preceptos.     No sólo que el pobre puede recibir la misma recompensa que el rico, sino que el desafío con que el rico tiene que enfrentarse es muy grande, puesto que D’ le exige que dé beneficencia en concordancia a su riqueza. 

La prohibición de que un no judío respete Shabat

Está escrito (Éxodo 31:16-17): “Observarán Los Hijos de Israel el Shabat, para hacer al Shabat por sus generaciones, pacto eterno. Entre Mí y los Hijos de Israel es señal eterna, porque en seis días hizo El Eterno el cielo y la tierra, y el séptimo día cesó y descansó”. 

Los comentaristas cuestionan cómo es que nuestros patriarcas cumplieron Shabat, previamente a que D’ entregara este precepto al pueblo de Israel, particularmente de acuerdo a los Comentaristas Rishonim que sostienen que antes del Éxodo de Egipto, nadie puede ser considerado como perteneciente al pueblo judío, sino que se los considera como no judíos, por lo tanto, no tenían permitido cumplir Shabat. 

Varios de los Comentaristas Ajaronim respondieron que ellos vestían en Shabat un talit katán con tzitzit: si los consideramos como judíos, entonces los hilos de los tzitzit son parte de la vestimenta y no son una carga, por lo cual, está permitido transportarlos en el dominio público en Shabat. Pero si los consideramos como no judíos, están exentos del precepto de tzitzit y los hilos no se consideran parte de la prenda, sino una carga y he aquí que transgredían la prohibición de no cargar en Shabat, como corresponde a un gentil.

Podemos responder de otra manera: solamente después de que el pueblo de Israel recibió la Torá, incluyendo el precepto del Shabat, se le prohibió a un no judío reposar en Shabat, porque el Shabat es una señal entre D’ y el pueblo de Israel. Pero previamente, si bien está escrito: “día y noche no reposarán”, no debían cumplir esto, realizando algunos de las labores prohibidas en Shabat, sino bastaba con que realizaran cualquier clase de labor, incluso aquellas permitidas en Shabat, con tal de que no descansaran. 

El pecado del Becerro de Oro

Los comentaristas preguntan: ¿cómo es posible que el Pueblo de Israel tras haber presenciado tantos milagros, pudieran proclamar a un becerro: “Éste es tu dios, Israel”? 

Podemos responder esta pregunta de la siguiente manera: el ser humano fue creado para esforzarse, combatir contra su instinto del mal y merecer según sus actos, la vida eterna. Por lo tanto, justamente el hecho de que el pueblo de Israel alcanzó un nivel espiritual tan elevado y se apegaron a El Creador, es lo que conllevó a que el instinto del mal se fortificara.  Además, la inusitada sorpresa de ver cómo salía un becerro de oro les incitó a pensar que era la Voluntad Divina que sirvieran a su representante en este mundo. El instinto del mal era tan poderoso que los doblegó. En aquel momento, D’ permitió al instinto del mal que confundiera al pueblo y le ocasionara transgredir.

 

EL ENCENDIDO DE LAS VELAS DE SHABAT

Extraído del libro “Las leyes en el hogar”

1-Es una obligación encender las velas de Shabat. Nuestros Sabios z”l fueron muy rigurosos con este precepto, a tal punto que obligaron incluso a un indigente, a que pida limosna o venda su vestimenta a fin de conseguir velas y encenderlas en honor del Shabat.

2-Esta obligación rige tanto para hombres como para mujeres. Sin embargo, se acostumbra que sean las mujeres, quienes las enciendan; ellas están más obligadas en este precepto que los hombres, porque habitualmente se encuentran en el hogar, y se ocupan de las labores domésticas. Otra razón, es que el Primer Hombre -Adam Harishón-, era considerado la “Luz del mundo”, es decir, fue creado para ser inmortal. Sin embargo, su esposa Eva -Javá- le provocó transgredir la Palabra Divina de no comer del Árbol del Entendimiento, lo cual conllevó el castigo Divino de ser mortal. Se considera a Javá la responsable de haber “apagado” a la “Luz del mundo”; por lo tanto para corregir esta transgresión se le ordenó encender las luces de Shabat. Si la esposa no se encuentra en el hogar, por ejemplo si tuvo familia y está internada, el marido las enciende pronunciando la bendición correspondiente.

3-Aunque la mujer enciende las velas, es apropiado que el marido las prepare. ¿Cómo las prepara? Si las enciende con aceite de oliva, el marido coloca el aceite y las mechas. O bien, enciende las mechas y las apaga inmediatamente, para que luego su luz brille más. Si utiliza velas de cebo o parafina que dan buena luz, no es necesario encenderlas y apagarlas; su preparación es sólo colocarlas en el calendabro.  Según la opinión de ciertas Autoridades, también si utiliza velas de cebo es correcto encenderlas y apagarlas. 

4-La mejor manera de cumplir este precepto –mitzvá min hamuvjar- es encenderlas con aceite de oliva. Éste es un gran mérito segulá– para ser bendecido con hijos eruditos de la Torá. La mayoría de las mujeres encienden con velas de parafina, ya que su luz es clara y linda.

5-Se acostumbra a encender dos velas, correspondientes a los dos versículos referentes al Shabat, “Zajor” y “Shamor”. Hay quienes acostumbran a encender según la cantidad de hijos, agregando una vela por cada niño que nace. Cada uno ha de seguir su costumbre familiar. 

6-Si una vez olvidó encender las velas, en lo sucesivo deberá encender una vela adicional.

7-Se ha de ser muy precavido de no retrasar el encendido de las velas. El marido debe prestar atención para que su esposa encienda en el horario correspondiente. Si teme que ya llegó el horario de la puesta del sol, se prohíbe realizar cualquier melajá (es decir, todos los actos prohibidos en Shabat), por lo tanto no se permite encender las velas, ya que quizás es de noche (Shabat), y no se debe entrar en la duda de que quizás esté profanando el Shabat, aun con la intención de cumplir un precepto.

8-Las mujeres acostumbran a recibir al Shabat con el encendido de las velas. Por lo tanto, luego de encenderlas tienen prohibido realizar cualquier clase de melajá.  En caso de necesidad, por ejemplo si aún no rezó Minjá, o si concurre al mikve en la noche de Shabat y anticipa el encendido de velas, se permite condicionar antes de encender, incluso pensándolo (no es necesario pronunciarlo), que no desea recibir el Shabat al encender las velas. De esta manera, se le permite realizar labores hasta unos minutos antes de la puesta del sol.  

9-Esta última ley también se aplica, respecto a comer o beber antes del Kidush. Al encender las velas, o desde el momento en que recibió al Shabat con anticipación, está prohibido comer o beber sin previamente pronunciar el Kidush. Pero si no recibe al Shabat, se le permite hasta unos minutos antes de la puesta del sol.

10-Debe haber luz en todas las habitaciones que serán utilizadas en Shabat, para no tropezar en la oscuridad. (Esto se refiere a habitaciones que no reciben iluminación de otros lados). Sin embargo, primordialmente el precepto de encender las velas, rige en el recinto donde realiza la cena de Shabat. Por lo tanto, allí se recita la bendición correspondiente al encender estas velas, y se exime la bendición por las velas en las demás habitaciones. 

11-Las velas se deben dejar en el lugar donde se encendieron, y no se las trasladará de un lugar a otro. 

12-La ley para la mujer que se hospeda en Shabat, es la misma que la de aquella que permanece en su propia casa. Por lo tanto, enciende las velas pronunciando la bendición correspondiente en el salón comedor, a pesar de que también enciende (sin bendecir) en su habitación.

Sin embargo, si comen en una casa y duermen en otra, encenderán las velas en la habitación donde duermen. Se cumple la obligación de encender velas en el lugar de la cena, con las velas que enciende la anfitriona. En momentos de apremio, por ejemplo, al aproximarse el comienzo del Shabat, si ya se encuentran en el salón donde van a comer, se les permite encender allí las velas. De todas maneras, en el dormitorio debe haber luz, como explicamos en el inciso 10.

 13-La obligación de encender las velas de Shabat rige también para los jóvenes que pasan el Shabat fuera de casa, por ejemplo, los estudiantes en la Ieshivá o las alumnas en el seminario, aun si los padres encienden las velas en sus casas.  Hay quienes acostumbran a que solamente uno de los estudiantes encienda las velas en el salón comedor de la Ieshivá pronunciando la bendición correspondiente y eximiendo de esta manera a sus compañeros. Si el salón comedor es grande, se han de encender varias luces para esté bien iluminado.  Los estudiantes también deben encargarse de que el dormitorio esté iluminado, para no tropezar. No obstante, es preferible no encender en el salón comedor, sino que uno de los estudiantes encienda las velas con la bendición correspondiente en el dormitorio, eximiendo a sus compañeros de cuarto. Éstos han de participar en los gastos del aceite, las mechas o las velas. De esta manera, se cumple el precepto a priori. (Lo mismo se aplica a las alumnas en el seminario).

14-En aquellos casos en que encienden las velas en el dormitorio pronunciando la bendición correspondiente, se ha de tomar la precaución que queden encendidas hasta que regresen a la habitación y tengan provecho de esa luz. De lo contrario, la bendición pronunciada habrá sido en vano.

15-Cuando varias familias comen en un mismo salón (por ejemplo, en una celebración familiar o en un hotel) se acostumbra que cada una encienda y pronuncie la bendición correspondiente. Los sefaradim acostumbran que sólo uno de ellos pronuncie la bendición para todos los presentes, o que enciendan los demás en el pasillo o en el dormitorio. Ya vimos en el inciso 12, que también para los ashkenazim, si no comen en la misma casa en que duermen, es apropiado que pronuncien la bendición en el dormitorio.

16-El invitado está exento de encender velas, si come de la comida del dueño de la casa. Pero si dispone de comida propia, debe encenderlas por su cuenta o darle al dueño de la casa el valor de una perutá (moneda de valor ínfimo) para asociarse en el encendido. Un invitado casado no precisa asociarse con su anfitrión, porque su esposa enciende las velas en la casa con la intención de eximirlo. Sin embargo, si le asignaron un dormitorio exclusivo para él, debe encender allí, pronunciando la bendición correspondiente. Esta Halajá también se aplica al invitado que recibe la comida del dueño de la casa.  

La costumbre de la mayoría de las comunidades sefaradim y teimanim es pronunciar la bendición y luego encender las velas.

La costumbre de las comunidades ashkenazim, en cambio, es encender primero las velas, cubrirse los ojos con las manos para no disfrutar de la luz, hasta pronunciar la bendición, y bendecir: Baruj Atá A-do-nai E-lo-heinu Mélej Haolam Asher Kideshanu Bemitzvotav Vetzivanu Lehadlik Ner Shel Shabat.  Bendito eres Tu D’, Nuestro D’, Rey del Universo, que nos santificaste con tus mandamientos y nos ordenaste encender las velas de Shabat. Luego descubre los ojos y se le permite disfrutar la luz. 

Nuestro Sabios aprendieron del versículo (Proverbios 6:23): “Ki Ner Mitzvá VeTorá Or” (Pues, es una vela cada precepto -de la Torá-; y la Torá es Luz”), que en mérito del encendido de las velas de Shabat gocemos de la luz de la Torá.  Por lo tanto, es apropiado que al finalizar el encendido de las velas, la mujer pida a D’ que la haga merecedora de tener hijos eruditos de la Torá. Las mujeres acostumbraron a agregar aquí pedidos y súplicas, cada una según su necesidad.

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