VAIAKHEL

 

El Shabat da santidad a todos los días de la semana, si se lo respeta correctamente

 

Está escrito en nuestra Parashá (Éxodo 35:2-4): “Seis días podrán hacerse labores, pero el séptimo día será sagrado para vosotros, un día de absoluto descanso para El Eterno; todo el que haga en él labores, será sentenciado a muerte. No encenderán fuego en ninguna de tus moradas el día de Shabat». Moshé habló a toda la asamblea de los Hijos de Israel, diciendo: «Ésta es la palabra que El Eterno ha ordenado, diciendo: “Tomad de vosotros una ofrenda para El Eterno, todo aquel cuyo corazón lo impulse a donar, traerá como ofrenda para El Eterno”.

 

La Torá yuxtapuso la sección de la construcción del Mishkán -Tabernáculo- a las leyes del Shabat. 

 

Al principio de la sección Vaiakhel están escritas las leyes del Shabat e inmediatamente después está escrita la sección acerca de las donaciones al Mishkán. La yuxtaposición de ambos tópicos insinúa que la santidad del Shabat y la santidad del Mishkán se asemejan mutuamente. 

 

El Shabat representa la santidad del tiempo, mientras que el Mishkán representa la santidad del espacio. Así como de la santidad del Mishkán se esparcía santidad hacia todos los lugares sagrados, por ejemplo las casas de estudio de la Torá, las sinagogas o los hogares judíos, cuyos miembros estudiaban Torá y recibían huéspedes; análogamente cuando se cumple las leyes de Shabat como corresponde, del Shabat se esparce santidad a los demás días de la semana.

 

 

 

Quien hace lo máximo que puede, se hace acreedor de la Ayuda Divina 

 

Está escrito en el versículo (acerca de la colecta comunitaria para la construcción del Mishkán): “Todo varón a quién su corazón inspire, ha de traerme su aporte”. 

 

El Rambán pregunta: ¿Cómo es posible que el término “su corazón inspire” se relacione con la capacidad laboral? 

 

Responde que nos están insinuando que aun quienes nunca se habían dedicado a trabajos artesanales, requerimiento indispensable para la construcción del Mishkán, se entusiasmaron con el precepto Divino y se presentaron ante Moshé Rabeinu diciéndole que se sentían aptos para tal tarea.

             

 

 

PEKUDEI

 

La santidad del Tabernáculo

 

Está escrito (Éxodo 38:22): “Hizo todo lo que El Eterno le había ordenado a Moshé”. ¿Por qué se repite tantas veces en nuestra Parashá el término: “Hizo todo lo que El Eterno le había ordenado a Moshé”?

 

Podemos responder de la siguiente manera: Moshé Rabeinu recibió en el Monte Sinaí no solamente la parte de la Torá Revelada con el detalle de sus leyes, sino que también le fue informada cuál es la intención que quien cumple los preceptos, debe imprimir en cada acto que realiza. Porque de esta manera se reparan los mundos espirituales y se santifica cada acto que realiza. 

 

Por lo tanto, está escrito: “Hizo todo lo que El Eterno le había ordenado a Moshé”, es decir, construyeron el Tabernáculo según las intenciones espirituales que sabía Moshé Rabeinu. Así el Tabernáculo recibió una santidad muy grande y nunca pudo ser destruido.

 

La carta del Jafetz Jaim

 

Está escrito (Éxodo 38:27): “Los cien talentos de plata fueron para moldear los zócalos del Santuario y los zócalos de la cortina; cien zócalos por cien talentos, un talento por zócalo”. Para hacer los zócalos del Tabernáculo, cada judío tenía que donar medio shekel, ni más ni menos. De aquí aprendemos un gran fundamento: para hacer las bases -los zócalos- del Tabernáculo, todo el Pueblo de Israel tiene que donar la misma cantidad.

 

Mi Maestro y Rabino Rabí Moshé Shneider zt”l relató una anécdota acerca del Barón de Rotchild, un observante de la Torá, cuyo capital se estimaba en millones de marcos. Cuando enfermó, el Jafetz Jaim le escribió una carta solicitándole que donara un millón de marcos a la Ieshivá en Rusia, donde la crisis económica hacía estragos y le prometió que si cumplía su petición se haría merecedor de un vasto legado en el Paraíso -Gan Eden-.

 

El Jafetz Jaim estaba seguro que accedería a su petición, es más, comentó a sus allegados que prontamente habría bienestar para quienes se dedicaban al estudio de la Torá.

Pero aparentemente esa carta nunca llegó a las manos de Rotchild, quien falleció sin haberla recibido.

El Jafetz Jaim se enteró que falleció y anhelaba recibir prontamente el dinero para la Ieshivá. Pero la familia de Rotchild comunicó a los delegados del Jafetz Jaim que no había dejado ningún dinero para la Ieshivá. Estos delegados decidieron no informárselo para no hacerle sufrir. Sin embargo, él percibió que le estaban ocultando la verdad y exclamó: “Muchos son los pensamientos del ser humano, pero la Voluntad de D’ es lo que se cumplirá”, ¡D’ no quiere que Su Torá se mantenga por medio del millón de Rotchild, sino por los preciados centavos que llegan de cada casa judía! El Jafetz Jaim guardó silencio y no volvió a hablar sobre el tema. 

 

Así lo hicieron

 

Está escrito en nuestra Parashá (Éxodo 39:32): “Toda la obra del Tabernáculo, la Tienda de la Reunión, fue completada, y los Hijos de Israel habían hecho todo lo que El Eterno le había ordenado a Moshé; así lo hicieron”.

 

Cabe cuestionar: ¿para qué la Torá escribe justamente al culminar la construcción del Tabernáculo: “los Hijos de Israel habían hecho todo lo que El Eterno le había ordenado a Moshé; así lo hicieron”? Podemos responder de la siguiente manera: Hay millonarios que se excusan: siendo que destinamos tanto dinero para beneficencia y para quienes se dedican al estudio de la Torá, no es necesario que cumplamos los preceptos tan escrupulosamente, seguramente D’ nos perdonará… 

 

Para refutar esta clase de pensamientos la Torá escribe inmediatamente después de relatar cuánto donaron y cuánto se esforzaron para hacer el Tabernáculo: “todo lo que El Eterno le había ordenado a Moshé; así lo hicieron”.

 

En la segunda guerra mundial, un joven británico, observante de la Torá se alistó en la fuerza área británica. Cada día salía en vuelo para bombardear a las tropas alemanas. Corría un gran peligro de vida. Un día, al regresar, se dirigió a la casa del Gaón Rabí Iejezkel Abramski zt”l. El Gaón le preguntó: ¿cómo es tu nivel espiritual?

Le respondió: respeto Kashrut, aunque reconozco que fumo en Shabat. Pero creo que ya que estoy cumpliendo un precepto muy grande, el de arriesgar mi vida para colaborar con la victoria sobre los enemigos de los judíos, ¡D’ me perdonará! 

Le replicó el Gaón: después de una larga vida, comparecerás ante el Tribunal Celestial, allí encontrarás dos libros abiertos.  En uno de ellos estará escrito el gran precepto que has hecho: arriesgar tu vida para vencer a los enemigos de Israel, pero en el otro libro estará escrito que profanaste Shabat. Esta transgresión es muy grave y D’ no anula el castigo a tal transgresión, por el gran precepto que has cumplido, sino que por cada uno de los actos de tu vida tendrás que rendir juicio. Por un gran precepto, recibirás una gran recompensa y por una grave transgresión recibirás un gran castigo, si no te arrepientes de ella. Por lo tanto, la Torá alaba aquí a los Hijos de Israel que aunque hicieron el Tabernáculo con abnegación y donaron todo, incluso las joyas, de todos modos, no aminoraron en absoluto el cumplimiento de los preceptos de la Torá, sino que hicieron todo lo que El Eterno le había ordenado a Moshé.