PURIM

El precepto de embriagarse en Purim

Tenemos el precepto de embriagarnos en Purim. Aparentemente, no se comprende esta ley, ¿en qué se basaron nuestros Sabios? ¡Es más, en todas las Festividades, si bien la Torá nos prescribe alegrarnos, no tenemos en absoluto, la obligación de embriagarnos; por el contrario, el embriagarse se considera una conducta censurable! Siendo así, ¿por qué en Purim nuestros Sabios dictaminaron que  el precepto  de alegrarse se cumple embriagándose?

Podemos responder de la siguiente manera: el principal propósito de Purim es el de educarnos a utilizar la realidad mundana con fines espirituales. El objetivo es que así lleguemos a comprender que todo lo que sucede en el mundo está dirigido por D’ y nada acontece por casualidad. Para fortalecer este concepto, nos fue ordenado alegrarnos lo máximo posible, comer y beber hasta embriagarnos, para aprender a utilizar el mundo material con un objetivo espiritual. 

De todos modos, debemos aclarar cómo realmente es posible utilizar lo mundano con fines espirituales. Todo depende de la intención de la persona: quien al alegrarse y embriagarse, pone intención en cumplir un precepto, logra el objetivo deseado. A pesar de su embriaguez, sus pensamientos se orientan al cumplimiento de la Voluntad Divina y no al placer corporal. Es ésta la manera de utilizar un acto mundano y elevarlo espiritualmente. Pero si la intención de la persona al embriagarse, es exclusivamente el placer corporal y lo hace para divertirse, pierde de esta manera todo el sentido del precepto, porque no solamente no lo utiliza como corresponde, sino que al embriagarse, hace un acto censurable, que contradice los fundamentos de la Torá. 

Según esta explicación, también podemos comprender lo enunciado en el Zóhar y en el Ari z”l, que el día de Purim es más elevado que el Día del Perdón -Iom Kipur-. Aparentemente, no serían comparables, pues son dos días completamente opuestos: en Iom Kipur estamos preocupados por el veredicto Celestial para el nuevo año y nos abstenemos de todo placer mundano, ayunamos y permanecemos todo el día en la sinagoga. Mientras que en Purim, comemos, bebemos y nos alegramos, ¿cómo puede ser que el día de Purim sea más elevado espiritualmente que el día de Kipur?  

Sin embargo, según lo expuesto anteriormente, vemos que es más difícil cumplir el precepto de Purim de embriagarse y utilizarlo con un fin espiritual y con intenciones puras, que cumplir el precepto de Iom Kipur de ayunar y apartarse de los asuntos mundanos (comer, beber, lavarse, untarse, calzar zapatos de cuero y mantener relaciones). 

Observamos asimismo, la diferencia entre Israel y las demás naciones.  La filosofía de los no judíos radica en la premisa de que es imposible santificarse mientras se esté ligado a los asuntos mundanos; por lo tanto, sus monjes no contraen matrimonio y se apartan de los asuntos mundanos. Al pueblo de Israel, en cambio, le fue ordenado utilizar los asuntos mundanos y elevarlos espiritualmente para cumplir Su Voluntad.  

Hemos aprendido una enseñanza fundamental en el judaísmo, a saber: no existe el concepto “mundano”; porque todo acto mundano que la persona realiza, si tiene la intención de cumplir la voluntad de Dios, lo convierte en un acto espiritual.

También aprendemos que es apropiado que cada persona durante toda su vida se alimente según lo que su cuerpo necesita para preservar su salud, con la intención de cumplir Su Voluntad. Para alcanzar este preciado nivel se requiere mucho esfuerzo.

 “Vino Amalek y se enfrentó a Israel en Refidim. Moshé  le dijo a Iehoshúa: «Elígenos hombres y ve a enfrentarte a Amalek; mañana me pararé sobre la cima del monte con la vara de D’ en mi mano». Iehoshúa hizo tal como le dijo Moshé  y se enfrentó a Amalek; y Moshé, Aharón y Jur subieron a la cima del monte. Y sucedió que cuando Moshé  alzaba su mano, Israel prevalecía, y cuando bajaba su mano, Amalek prevalecía. Las manos de Moshé se volvieron pesadas, de modo que tomaron una piedra y la colocaron debajo de él, y él se sentó en ella, y Aharón  y Jur le sostenían sus manos, uno de este lado y el otro del otro lado, y él permaneció con sus manos elevadas en plegaria hasta la puesta del sol. Iehoshúa debilitó a Amalek y a su pueblo a filo de espada. El Eterno le dijo a Moshé: «Escribe esto como recordatorio en el Libro y recítalo a los oídos de Iehoshúa, que ciertamente borraré el recuerdo de Amalek de debajo de los cielos». Moshé  construyó un altar y lo llamó: «El Eterno es Mi Milagro»; y dijo: «Pues la mano está sobre el trono -kes- de D’ –Iud Hei-: El Eterno mantiene guerra contra Amalek, de generación en generación».

Leemos en el Tratado de Shabat (88a): ¿Qué significa lo escrito: “se apostaron en la base del monte?”, dijo Rab Abdimi bar Jama bar Jasda, este versículo enseña que D’ los cubrió con el monte como si fuera una palangana y les dijo: “Si ustedes reciben la Torá, bien, pero si no, allí mismo será vuestra sepultura”. Dijo Rab Aja bar Iaakov: He aquí una gran irrechazable excusa para quien no cumpla la Torá. Dijo Rava: De todos modos, la volvieron a recibir en la época de Ajashverosh, como está escrito: “cumplieron y recibieron los judíos”, es decir, confirmaron lo que ya habían recibido.

No hemos de interpretar que el pueblo judío haya recibido la Torá a la fuerza, en contra de su voluntad, puesto que en la misma Torá se relata que los israelitas proclamaron con entusiasmo: “¡Todo lo que ha hablado El Eterno haremos y escucharemos!”.

Sino que aquello de que D’ suspendió el monte sobre las cabezas de los judíos como si fuera una palangana, significa que la gran cantidad de milagros sobrenaturales que acompañaron la Recepción de la Torá en el Monte Sinaí, les vedó la posibilidad de renegar de la Verdad que se estaba revelando ante sus raciocinios. En tales circunstancias, el mérito de haber aceptado la Recepción de la Torá es menor. En Purim, en cambio, el milagro se realizó disimulado en el desarrollo aparentemente natural de los acontecimientos históricos. Mucho mayor es entonces, el mérito de los judíos quienes entendieron que D’ es el Único que dirige el mundo y aceptaron el Yugo de la Torá aún en épocas de Ocultamiento Divino.

Según lo expuesto, comprendemos lo escrito en el Tratado de Meguilá (7b): “La persona está obligada a embriagarse en Purim hasta que no distinga entre “Maldito sea Hamán y bendito sea Mordejai”. “Bendito sea Mordejai”, alude a cuando D’ efectúa milagros revelados, mientras que “Maldito sea Hamán” alude cuando D’ efectúa milagros ocultos. Una de las finalidades de Purim, es entender que no existe diferencia entre ambas Conducciones, porque también D’ dirige los fenómenos naturales, como se demostró en el milagro de Purim.

Está escrito (Lamentaciones 3:38): “De los labios del Supremo no saldrá el mal y el bien”. Jafetz Jaim explica que D’ hace únicamente el Bien, aunque en ocasiones el ser humano no lo percibe. Por tal motivo, la Ley Judía dictamina que se debe bendecir por una mala noticia con el mismo sentimiento de alegría con que se bendice por una buena noticia.

Purim se relaciona con el precepto de borrar la memoria de Amalek, porque los amalequitas son quienes reniegan de la Unicidad de D’ y afirman que todo cuanto sucede son meras casualidades. Así interpretan los sabios de la Ética Judía el versículo acerca de Amalek  (Deuteronomio 25:18): “…que te enfrío en el camino”. En Purim hemos de luchar contra esa “ideología de la frialdad”,  porque quedó demostrado que aún los acontecimientos que parecen ser meras casualidades, están dirigidas por El Creador.

Según lo expuesto, comprendemos a aquellas Autoridades Rabínicas que sostienen que con la lectura de la Meguilat Ester se cumple el precepto de recordar borrar la memoria de Amalek, ya que la mejor forma de combatirlos es leyendo la Meguilá, en cuyo relato queda demostrado que todo lo que sucede está dirigido por D’.

En la sección de la Torá acerca de Amalek (Éxodo 17:9) que se lee en Purim, vemos que la guerra contra Amalek es física. Como está escrito: “Moshé le dijo a Iehoshúa: Elígenos hombres y ve a enfrentarte a Amalek”. A diferencia de la redención de los egipcios, por medio de diez plagas y del partimiento del Mar Rojo, en la guerra contra Amalek tuvieron que luchar físicamente. Sin embargo, al analizar los textos, hallamos que la victoria se obtuvo gracias a las “manos de Moshé” elevadas en plegarias, o sea, por mérito a que los israelitas tomaron conciencia de que todo depende de D’. Como explican nuestros Sabios: “Y cuando alzaba Moshé las manos y se fortalecía Israel…”, ¿Es que acaso las manos de Moshé hacen ganar o perder la guerra? La respuesta es que mientras los israelitas dirigían sus miradas hacia arriba y sometían su corazón ante su Padre Celestial se fortalecían, en tanto que si no lo hacían, eran derrotados”. Sólo podremos vencer a Amalek cuando entendamos que D’ conduce al mundo aún en épocas de Ocultamiento Divino.   

Está escrito (ibíd. 17:16): “y dijo: «Pues la mano está sobre el trono –kes– de D’ (El nombre Divino figura aquí con sólo sus dos primeras letras –Iud Hei-): El Eterno mantiene guerra contra Amalek, de generación en generación»”. En el Midrash Tanjuma se explica que ni el Trono Celestial ni Su Nombre estarán completos en tanto que no se borre el recuerdo de la descendencia de Amalek. Amalek representa a quienes reniegan de D’ y anhelan que nadie mencione Su Nombre. Hasta que no sean exterminados, no será posible difundir Su Nombre ni Su Nombre estará completo. Tosafot (Tratado de Berajot 3a) cita la explicación del Majzor Vitri  al texto del Kadish: “Iehé Shemé Rabá Meboraj“: El Nombre de D’ se engrandecerá y se completará por medio del exterminio de la descendencia de Amalek.

El precepto de recordar que debemos exterminar a la descendencia de Amalek, rige en todas las generaciones. También actualmente cuando la ideología amalequita se expande por todas las naciones, hemos de difundir los preceptos de nuestra sagrada Torá, ya que un pequeño rayo de luz desplaza mucha oscuridad. La minoría puede difundir el Nombre de D’ en el mundo, siempre y cuando obren con abnegación, como hicieron en la época Mordejai y Ester.  

 

 

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